
Causas de la Disfagia: entender el origen de las dificultades para tragar
No somos conscientes de la complejidad que implica algo tan cotidiano como comer o beber. Cada vez que tragamos, numerosas estructuras anatómicas y mecanismos neurológicos trabajan de manera coordinada para que el alimento llegue al estómago mientras las vías respiratorias permanecen protegidas.
Cuando este proceso deja de funcionar correctamente puede aparecer la disfagia, un trastorno que dificulta la ingesta segura y eficaz de alimentos, líquidos o incluso la saliva. Por eso es tan importante comprender qué provoca la disfagia, para detectar el problema a tiempo y buscar ayuda médica especializada.
*Importante. Este articulo es divulgativo y no reemplaza en ningún caso la consulta médica.
La deglución: un mecanismo muy preciso
La deglución depende de la coordinación entre cerebro, nervios, músculos y estructuras anatómicas de la boca, la faringe, la laringe y el esófago. Si algo se altera, puede comprometer la seguridad o la eficacia del proceso de alimentación.
Es importante comprender esto porque la disfagia no tiene una única causa, sino que puede aparecer como consecuencia de diferentes enfermedades o situaciones clínicas.
- Enfermedades neurológicas: una de las causas más frecuentes
Los trastornos neurológicos representan una de las principales causas de disfagia, especialmente en personas adultas y mayores.
Patologías como el ictus, la enfermedad de Parkinson, las demencias, la esclerosis múltiple o la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) pueden alterar los mecanismos que controlan la coordinación de la deglución.
En pacientes de she tipo de enfermedades, es frecuente que aparezcan dificultades para manejar determinadas texturas, episodios de tos durante las comidas o una menor capacidad para proteger la vía respiratoria al tragar.
- El proceso de envejecimiento
Los cambios fisiológicos, debido al paso de los años, en el organismo, también pueden afectar a la función deglutoria.
La pérdida progresiva de fuerza muscular, las alteraciones sensoriales o la presencia de diferentes enfermedades crónicas, pueden reducir la eficacia de la masticación y de la deglución.
Estos cambios asociados a la edad se conocen como presbifagia y, aunque no siempre generan una disfagia clínica, sí pueden aumentar la vulnerabilidad de la persona y favorecer la aparición de dificultades para comer y beber con normalidad.
- Cáncer y tratamientos oncológicos
Las personas diagnosticadas de tumores en la cavidad oral, la faringe, la laringe o el esófago presentan un riesgo elevado de desarrollar disfagia.
Además de la propia enfermedad, algunos tratamientos pueden modificar las estructuras implicadas en la deglución o alterar su funcionamiento.
Por ello, la valoración por parte de personal médico, del nutricionista y del logopeda, formar parte del seguimiento habitual de estos pacientes.
- Alteraciones musculares y enfermedades raras
Algunas enfermedades que afectan directamente a la musculatura también pueden repercutir sobre la capacidad para tragar.
Cuando los músculos responsables de la masticación o de la deglución pierden fuerza o coordinación, el tránsito de alimentos y líquidos puede verse comprometido.
Son menos frecuentes que las causas neurológicas.
- Problemas estructurales del aparato digestivo
En ocasiones, la dificultad para tragar aparece porque existe una alteración física que dificulta el paso de los alimentos a través del esófago. Los estrechamientos, determinadas alteraciones motoras o algunas lesiones pueden generar sensación de bloqueo o dificultad durante la ingesta.
La disfagia no siempre se manifiesta de la misma manera. Mientras algunos pacientes presentan atragantamientos, otros desarrollan síntomas como pérdida de peso, fatiga durante las comidas o rechazo a determinadas texturas. Una clave para sospechar es que se produzcan situaciones persistentes relacionado con la alimentación, debiendo ser valoradas por profesionales sanitarios especialistas en el manejo de la disfagia.
Recuerda
La disfagia es un trastorno complejo que puede tener orígenes muy diversos. Las enfermedades neurológicas, el envejecimiento, los procesos oncológicos y determinadas alteraciones musculares o estructurales se encuentran entre las causas más habituales. Identificar correctamente el origen del problema es el primer paso para diseñar una intervención segura, personalizada y orientada a preservar tanto la salud como la calidad de vida de la persona afectada.
Fuentes consultadas para la elaboración del artículo:
- Ministerio de Sanidad. Sistema Nacional de Salud. https://www.sanidad.gob.es
- Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG). https://www.segg.es
- Sociedad Española de Neurología (SEN). https://www.sen.es
- Sociedad Española de Nutrición Clínica y Metabolismo (SENPE). https://www.senpe.com
- Instituto de Mayores y Servicios Sociales (IMSERSO). https://www.imserso.es
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